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note: Rudolf Steiner was a critic of his contemporary Theodor Herzl's goal of a Zionist state, as well as of any other ethnically determined state, as he considered ethnicity to be an outmoded basis for social life and civic identity.

Jewish Daily Forward

Benjamin Netanyahu’s surprising and decisive victory in the Israeli elections has created a wrenching dilemma for many American Jews: how to continue to love Israel while a government that violates many of our community’s values is in place.

This may not be an issue for those who unequivocally support Netanyahu’s aggressive, nationalistic stance, and cheer the fact that he won by dismissing the two pillars of American Mideast policy: the creation of a two-state solution with the Palestinians and the pursuance of a nuclear deal with Iran. The Bibi chorus of our community is already gloating, excusing the candidate’s offensive words about Arab voters, quickly accepting his “clarifications” and falling back on the ancient pull of peoplehood to rally American Jews once again.

It may not work so well this time.

The denial of Palestinian statehood aspirations and the blatant resort to racist statements that Netanyahu expressed in the last days of his campaign won’t soon be forgotten or reconciled, no matter what he now says.

Thus, the dilemma. For years we have been told that we must put aside our liberal values – the values that have allowed us to prosper into the Diaspora’s largest, most proud and significant community – when it comes to Israel. Ignore the occupation. Ignore the domination of an ultra-Orthodox rabbinate.

The occupation and settlement growth can’t continue indefinitely without dramatic change or renewed violence. For one thing, Israel’s already fraught diplomatic and economic relations with Europe will certainly worsen.

It will be harder to contain the growing resentment on college campuses and the growing alienation of many younger Jews. And it will be much harder to support the unquestioning amount of U.S. financial, military and diplomatic aid that Israel receives every year when its government sometimes works against American interests and policies.

The question now for us is how to maintain a genuine connection to Israel and what we believe are its deeply grand and humanistic values while distancing ourselves from a leader who stands for the opposite.

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How to approach The Philosophy of Freedom?

I've been trying to read the Philosophy of Freedom on and off for a few years, but until now I've never really made what I would say is a serious effort to penetrate the materials. For instance, I don't get too concerned if I've catch myself having zoned out several times during the same passage. Rather, I move on and hope that it will sink in by osmosis ... somehow. 

This approach hasn't been an entire failure because I keep coming back to this text, and every once in awhile I'll read something that makes my heart soar and inspirers me to keep going. This morning, for example, I was listening to one of the last few chapters (thank you, Dale Brunsvold) and the description how the "free spirit" singles out an appropriate action reminded of what Thomas Aquinas said about Angels; namely, that each angel is his own specie. Utterly unique and irreplaceable. And just for a moment, I caught a glimpse of whom we are being asked to become. 

Just for a moment.

On the other hand, the approach I've taken is not working entirely well so I'm soliciting suggestions as to how to proceed differently as part of a serious study. In the extreme, I could spend a year on the first 5 or 6 chapters alone, and still feel that the text is much more profound than I'm realizing.

Perhaps the middle ground is that I plow through, making sure that I don't leave a section until I have at least attempted to penetrate it seriously, but don't allow myself to get stalled indefinitely.

Then there is the question of which other texts and exercises (Jügen Strube's thought exercises as well as making the effort to write our own chapter summaries) to incorporate as we go along.

I realize that everyone has to find the way that works best for him or her, but I would be curious to hear what approaches have worked for others in this group.

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Capítulo XIV. Individualidad y Especie.

Enlace al capítulo aquí. La percepción de un objeto del mundo determina el concepto que el pensar obtiene a través de la intuición. De esta forma, la realidad nos es dada cuando a una percepción determinada uno un concepto por medio del pensar. El concepto queda determinado indirectamente por la percepción. Obtengo los conceptos según la naturaleza de mis intuiciones. Yo me auto-determino indirectamente cuando uno un concepto a una percepción. [1]

Pero en el caso de la “percepción del actuar de un ser humano” –de una individualidad ética– la búsqueda del concepto que determina dicha percepción –el concepto correspondiente a la percepción de su acto– ha de ser buscada como “intuición independiente” de mi propia intuición. Para la observación de la verdadera naturaleza de otro ser humano no me sirven mis conceptos, sino la observación de su naturaleza intuitiva. Habré de observar (1º) cómo forma sus conceptos a partir de su verdadera naturaleza intuitiva, y también habré de observar (2º) el contenido de los impulsos de su voluntad en las acciones de su biografía.

Para poder realizar esta observación, antes debo acrisolar mi propia naturaleza intuitiva. Esto no significa no tener intuiciones propias y por tanto no unir conceptos específicos a la percepción del actuar de otro ser humano, sino  que soy capaz de observar su actividad sin que la mía propia interfiera. Para ello se requiere un largo camino de preparación, donde el observador es capaz de acrisolar su naturaleza intuitiva y, sin convertirse en una proyección auto-perceptiva, que sea capaz de reconocerse en la naturaleza intuitiva del “otro”. Y esta es la actividad propia del amor, pues el vehículo de la libertad es el amor.

[1] La auto-determinación por el pensar consiste en eso, en que yo obtengo mis conceptos de forma individual y que otros individuos obtienen sus propios conceptos, cada uno según su naturaleza intuitiva.

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Capítulo XIII. El Valor de la Vida.

Enlace al capítulo aquí. Realiza todo un  “recorrido” sobre las corrientes filosóficas que buscan el valor de la vida en el mundo del sentimiento –en la relación entre placer y displacer. Descarta una “valoración racional” como herramienta para calcular la relación entre Placer / Displacer pues la “razón” por sí sola no es suficiente. Para captar la realidad no sólo necesitamos el concepto, sino la compenetración de concepto con percepción. Y el sentimiento es percepción.

Encontramos como percepción de la vida que los individuos no se suicidan –estando en pleno uso de sus facultades – aunque en la vida encuentren sufrimiento y dolor. ¿Dónde encontrar la fuente donde estos individuos encuentran VALOR para su vida?[1]

Esta fuente que da VALOR a la vida humana se encuentra en la propia naturaleza esencial como IMPULSO básico del ser humano enla realización de su “humanidad”. Y la medida básica del valor de la vida es precisamente ése impulso. Este impulso relaciona el placer y el displacer de forma indirecta: no es el valor del placer que puede ser satisfecho, o la cantidad de displacer que se debe superar… sino si todavía el impulso es suficientemente intenso para alcanzar los fines propuestos después de haber superado las dificultades.

Así la medida del valor de la vida es la intensidad del impulso y el placer es lo medido.


Si la relación es = 1 : todas los impulsos son satisfechos.
Si la relación es > 1 : existe más placer satisfecho de lo exigido por los impulsos.
Si la relación es < 1 : existe más Impulso que placer satisfecho.

Si no existiera IMPULSO la Vida no tendría un VALOR determinado. 

Así el placer sólo tiene valor en tanto que podamos medirlo en relación con nuestro deseo. Todo ser humano tiende a la satisfacción de sus impulsos –de los fines que él mismo se propone. Y la satisfacción produce placer. Lo realizado tiene VALOR porque ha sido QUERIDO(2) y no por el placer obtenido.

Cuando el ser humano comprende su verdadera naturaleza (individualismo ético – espíritu libre) entonces QUIERE realizarla.(3) Sólo de la libre realización de la intuición que fluye de la esencia humana resulta la moral y su valor. El Ser Humano confiere valor a la realización de un impulso porque éste procede de su ser.

El impulso a la realización del Espíritu Libre es lo que confiere valor a la vida del ser humano.

[1] Es curiosa la relación en español entre los vocablos Valor como medida y Valor como coraje.

[2] De nuevo una nueva curiosa relación de dos vocablos españoles: Querer como impulso de la voluntad y Querer como sentimiento de Amor.

[3] El Amor es Sabiduría interiorizada. Comprender algo es amarlo.

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Rudolf Steiner sobre a FIlosofia da LIberdade

"(... Existe, porém, um outro [caminho de desenvolvimento] mais seguro e principalmente mais exato (...). Ele está descrito em meus livros O método cognitivo de Goethe e a Filosofia da Liberdade.(...) Então entra em atividade o pensar puro. ...)"
Ciência oculta p.247


Em uma conversa com Rudolf Steiner em 1922 Walter Johannes Stein perguntou,“O que restará de seu trabalho em milhares de anos? ...Rudolf Steiner respondeu: “Nada exceto a Filosofia da Liberdade,”e então acrescentou: “Mas tudo está contido nela. Se alguém realiza o ato de liberdade lá descrito, encontrará todo o conteúdo......"


Na primeira década do século XX, August Ewerbeck ficou sabendo que existiam círculos íntimos nos quais Rudolf Steiner dava treinamento esotérico especial àqueles admitidos por ele. Então perguntou a seu professor se ele também poderia receber permissão de participar, e recebeu a espantosa resposta:
“Você não precisa! ...Você entendeu minha Filosofia da Liberdade!”


Princípios básicos da Antroposofia
"Qualquer um interessado em procurar por eles irá encontrar os princípios básicos da Antroposofia já enunciados neste livro."


Maneira de ler a Filosofia da Liberdade
Tem que se assumir uma maneira especial de leitura. Espera-se que o leitor, conforme lê, passe por uma sorte de experiência interior que, num sentido exterior, é realmente como despertar do sono pela manhã"


No prefácio do livro:
"Esta Filosofia da Liberdade não contém, pois, resultados desse gênero [de investigações noológicas/espirituais], como tampouco contém resultados especiais do âmbito das ciências naturais; porém o que ela contém será, a meu ver, IMPRESCINDÍVEL para quem procura segurança para esse gênero de conhecimentos ."

Note: IMPRESCINDÍVEL = nicht entbehren können
"O caminho que conduz ao pensamento não-sensorial pelas comunicações da Ciência Espiritual é inteiramente seguro. Existe, porém, um outro mais seguro e principalmente mais exato, embora seja, por isso, mais difícil para muitas pessoas. Ele está descrito em meus livros 'Linhas básicas para uma teoria do conhecimento na cosmovisão de Goethe' e 'A filosofia da liberdade'. Essas obras transmitem o que o pensamento humano pode elaborar para si quando o pensar não se entrega às impressões do mundo exterior físico-sensível, e sim apenas a si mesmo. Então entra em atividade o pensamento puro - e não apenas aquele que surge no homem com base nas recordações do plano sensível - como uma entidade com vida própria. Nesse sentido, nas obras citadas nada foi extraído das comunicações próprias da Ciência Espiritual. Contudo, mostra-se que o pensar puro, trabalhando apenas em si próprio, é capaz de chegar a conclusões sobre o mundo, a vida e o homem. Essas obras se encontram numa etapa intermediária muito importante entre o conhecimento do mundo sensível e o do mundo espiritual. Elas oferecem aquilo que o pensamento pode alcançar quando se eleva acima da observação sensorial mas ainda evita o acesso à pesquisa espiritual. Quem submete toda a sua alma ao efeito desses textos já se encontra no mundo espiritual; só que este se lhe apresenta como mundo dos pensamentos. Quem se sente em condições de passar por essa etapa intermediária está trilhando um camiinho seguro; e com isso pode adquirir, frente ao mundo superior, um sentimento que lhe trará os mais belos frutos para todo o tempo seguinte."

Ciência Oculta p.247
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Capítulo XII. La imaginación moral.

Enlace al capítulo aquí. Una acción no es libre si viene “determinada” por una representación, ya que el resultado de la actividad (efecto perceptible) determina el impulso de actuar del ser humano (causa perceptible) de forma indirecta a través de la representación.

El “espíritu libre” actúa de acuerdo con sus impulsos, esto es, de acuerdo con intuiciones que él escoge del total de su mundo de ideas, por medio del pensar. Toma una decisión totalmente original sin estar determinada por alguna representación previa. El resultado de su actividad tendrá un contenido de percepción bien determinado, pero el impulso a actuar no se agota en dicha percepción, al igual que el concepto de León no se agota en la percepción de un determinado león.

Si la representación determina de forma indirecta el “impulso a actuar” resultando en actos no libres… ¿cómo podemos actuar sin este intermediario a partir de una intuición moral –esencialidad basada en sí misma?

Aquí entramos en la “imaginación moral”. Lo que el “espíritu libre” necesita para realizar sus ideas, para afirmarse (auto-determinación), es, por lo tanto, la imaginación moral. La imaginación moral es la fuente del actuar del espíritu libre y es la “conversión” del concepto vivenciado intuitivamente en “representación moral”(1). Para realizar la “imaginación moral”, o sea, para determinar creativamente, por medio de la imaginación moral, los actos futuros todavía no realizados(2) tenemos que conocer el mundo fenoménico y saber transformarlo, o darle una nueva dirección (fenomenología de la percepción: principio que rige el contenido de la imagen perceptible -> conocimiento científico tal y como se entiende en la Universidad de Ciencia Espiritual en el Goetheanum). A esto se le denomina “Técnica moral”. El problema es que normalmente partimos del mundo de las percepciones, partimos de lo dado, y buscamos mediante el pensar la ley que se expresa en dicha experiencia perceptiva, pero la “Técnica moral” debe crear primero los hechos que luego incorporamos a nuestro conocimiento. Así, mediante la actividad moral realizamos a un nivel superior lo que la naturaleza realiza a un nivel inferior. El espíritu operante en la naturaleza encuentra en el ser humano su auto-realización como coronación del edificio que Darwing y Haeckel intentaron erigir para las ciencias naturales. Es la teoría de la evolución espiritualizada. 

Intuición Moral --> Imaginación Moral --> Técnica Moral;

Sólo llega a ser algo moral cuando en la vivencia humana se transforma en algo propio del individuo. Sólo el ser humano es productor de lo moral y lo característico de la forma perfecta del actuar humano es la libertad.

Hay que atribuir esta libertad a la voluntad humana en tanto que ella realiza intuiciones puramente ideales. Pues estas intuiciones no son el resultado de una necesidad que actúa desde fuera, sino que están basadas en sí mismas. Si el hombre encuentra que su actuar es el reflejo de una intuición ideal de este tipo, la vivencia entonces como una acción libre. En esta característica de la acción se encuentra la libertad.

Cuando la voluntad humana se basa en la pura intuición ideal cuya esencia propia está fundada en sí misma nada en el organismo participa de este “querer”, es más, la actividad necesaria del organismo humano se reprime, se paraliza, por el elemento intuitivo, siendo sustituido por la actividad espiritual de la voluntad llena de ideas. El hombre es libre en la medida en que es capaz de realizar en su querer la misma disposición anímica que vive en él cuando es consciente de la formación de intuiciones puramente ideales (espirituales).

La realización de los impulsos de mi voluntad me produce placer. ¿Es la obtención de placer lo que busca la libre realización de los impulsos de mi voluntad?


(1) Rudolf Steiner utiliza el término representación como la imagen subjetiva resultante de la unión de un concepto determinado a una experiencia perceptiva concreta. Mientras que representación moral sería la “imaginación moral” que no implica una experiencia perceptiva previa. 

(2) La realización de una “intuición moral” o esencialidad basada en sí misma, sólo puede implicar un acto cuya realización es siempre original, nuevo, creativo. Aunque perceptivamente esté bien determinado. 

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Enlace al capítulo aquí¿Cómo es posible un acto moral libre si está determinado por la vivencia intuitiva de su contenido ideal? ¿Cómo puede ser libre y a la vez determinada? Aquí se nos plantea el problema del “determinismo” o de “finalidad”. “Finalidad” se expresa cuando un suceso posterior en el tiempo influye de manera determinante sobre el precedente anterior.

En principio, la finalidad sólo tiene lugar en los actos humanos. El acto –o efecto posterior perceptible– influye sobre el hombre que actúa -o causa anterior perceptible- por medio de la representación de aquello que quiere realizar.

Si el efecto perceptible ha de ejercer una influencia real sobre la causa perceptible, sólo puede efectuarlo a través del factor conceptual. Pero este factor conceptual ha de influir sobre la causa a través de un proceso perceptible[i]. Para el monismo el mundo es una unidad, que sólo se encuentra separado en la conciencia del ser humano en dos realidades: la percepción y el concepto. Así pues el factor conceptual sólo puede ser observable en los actos humanos, pues el factor conceptual en la naturaleza es la ley que se expresa en el fenómeno inorgánico físico-químico, o el “Tipo” que se expresa en el ser natural orgánico y nunca es “causa” sino que aparece a la conciencia como esencia o fundamento que da coherencia a la percepción. Para la conciencia del ser humano lo primero que encontramos en la naturaleza son percepciones, cuyos nexos y relaciones se expresan “a posteriori” a través del pensar.

El monismo rechaza el concepto de finalidad en todos los campos excepto en el del actuar humano. Busca leyes en la Naturaleza pero no “fines”. La finalidad surge únicamente por la realización de una idea. En sentido realista, la idea sólo es efectiva en el hombre. Si el ser humano toma como fines para su actuar una autoridad externa, se verá determinada por ésta. Sólo si encuentro el concepto de la esencia del ser humano, el “Espíritu Libre”, podré realizar en mí la libertad (autodeterminación: actualización de la idea que se vivencia intuitivamente de forma individual).

¿Qué significa “espíritu libre”?

[i] La representación “ser una persona generosa” es anterior al acto de dar limosna. Aunque perceptiblemente sólo una vez que he dado limosna puedo ser percibido como “persona generosa”. Sólo podemos observar una influencia perceptible de un concepto/representación en los actos humanos.

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Enlace al capítulo aquíEl realismo ingenuo en la esfera del actuar mata la libertad por el sometimiento a una autoridad de un ser perceptible (familia, estado, iglesia) o de un ser imaginado por analogía con las percepciones (deidad) o, por último, de la voz interior abstracta que interpreta como “conciencia”. El realismo metafísico que sólo explora lo extrahumano, no puede reconocer la libertad en la esfera del actuar porque considera al hombre determinado mecánicamente o moralmente por un “ente en sí”.

El monismo rechaza el realismo metafísico, pero reconoce las restricciones físicas e históricas (ingenuo-reales) del hombre ingenuo. El hombre es un ser en evolución que transita por el estado del actuar automático (según impulsos e instintos naturales) y el de la obediencia (de acuerdo con normas morales) como fases necesarias previas de la moralidad, pero reconoce la posibilidad de superar ambos estadios transitorios por el espíritu libre.

El monismo contemplado en la primera parte del libro tiene su fundamento en la realidad de un mundo unitario, que sólo aparece separado en la conciencia del ser humano debido a su organización. El monismo en la segunda parte del libro es Filosofía de la Libertad ya que en el ámbito del actuar moral el ser humano realiza los impulsos procedentes de la esfera ideal de su intuición. La moral (actuación moral) es producto del ser humano (y no de ninguna potencia extra-humana) y la libertad es la forma humana de ser moral.

Se plantea la aparente contradicción que supone la “La actualización individual de una esencialidad universal”[1]; esta contradicción está relacionada con el “conocimiento” y la “libertad”. El conocimiento es la unión de percepción y concepto –partiendo de la realidad del mundo de los conceptos (esencialidad basada en sí misma). La vida moral se basa en la actualización de las ideas (esencialidad basada en sí misma) que se vivencia intuitivamente de forma individual. ¿Cómo es posible la libertad si determino mi actuar en una intuición –aspecto ideal de mi ser individual? ¿cómo puede ser libre y a la vez determinada?

[1] En la frase “la actualización individual de una esencia universal” tenemos dos componentes:

El conocimiento que adquirimos del mundo tiene su fundamento en la REALIDAD de un mundo conceptual universal.
Por otra parte, cuando actuamos, sólo hacemos VERDADEROS actos individuales cuando la acción está determinada únicamente por su contenido ideal… sin referencia a contenidos perceptivos… como se vio en el capítulo 9.
Desde esta perspectiva queda superada la aparente contradicción.

Esta contradicción es evidente cuando en nuestro actuar influyen la “disposición caracterológica” o la norma de un principio ético exterior… pues no son actos libres (ni por tanto universales) y no pueden considerarse moralmente individual… pues la forma humana de ser moral es la LIBERTAD.

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Capítulo IX. La Idea de la Libertad.

Enlace al capítulo aquí¿Cómo impregnar nuestro acto individual de voluntad con el elemento ideal universal? Ya que el "acto volitivo" procede de la "organización humana" la pregunta anterior se puede descomponer en estas otras dos:

  • ¿Cuál es la relación entre el acto de conocer y la organización humana?
  •  ¿Cómo procede de la organización humana el acto volitivo?


En 1918 Rudolf Steiner añade un texto con el que introduce los elementos de partida para responder a la pregunta: ¿Cuál es la relación entre el acto de conocer y la organización humana? Ahora se trata de observar la relación del pensar con la organización psico-física.  La "esencia del pensar" es independiente del organismo físico pero actúa sobre éste primero "reprimiendo su actividad (psico-física)" y después "alojándose en su lugar". Dentro de la "esencia del pensar" se halla el "Yo real", pero la "consciencia del Yo" surge mediante la impresión realizada por las huellas de la actividad pensante en la conciencia general del organismo.[i]

Ahora bien, ¿Cómo procede de la organización humana el acto volitivo?

En todo acto volitivo  se ha de considerar:

  • el IMPULSO: es el factor de la voluntad directamente relacionado por al organización humana. Es causa determinante permanente del individuo. Hunde sus raíces en el organismo humano y aflora a través de la percepción. Se denomina "disposición caracterológica" a la naturaleza individual de la organización humana que determina que ciertos conceptos o representaciones se conviertan o no en "motivos" de la voluntad.
  • el MOTIVO: es un factor conceptual o imaginativo. Es causa determinante momentánea de la voluntad. Motivo de mi voluntad puede ser un concepto puro (universal) o un concepto relacionado con una percepción individual (representación). Determinan la finalidad, el objetivo de mi voluntad: son las posibles representaciones y conceptos que pueden influir sobre mi "disposición caracterológica" de tal manera que se produzca un acto de voluntad.

Para examinar los "impulsos morales"  examinemos los elementos que componen la vida individual:

  1. La  PERCEPCIÓN a través de los sentidos. Aquí la disposición caracterológica del ser humano sólo produce los instintos animales más elementales (hambre, reproducción...) En el proceso de civilización de los seres humanos encontramos el "tacto o buen gusto moral" que asociado a una percepción suscita un comportamiento "inherente" a su disposición caracterológica.
  2. El SENTIMIENTO específico que acompaña a la percepción y que por la disposición caracterológica se traducen en impulsos para actuar. Entre ellos están los sentimientos inferiores de venganza, envidia... y los superiores de vergüenza, honradez, deber, arrepentimiento; y aun más superiores como humildad, compasión, agradecimiento, piedad y amor.[ii]
  3. El del PENSAR y REPRESENTAR. Cuando determinadas percepciones se han unido por la experiencia repetida a representaciones que se convierten en impulsos para actuar. Se denomina "experiencia práctica" y en ciertas situaciones de la vida pasamos de la percepción al acto volitivo prescindiendo de toda reflexión basada en la experiencia. Aquí la disposición caracterológica determina las experiencias de la vida que se incorporarán como experiencia práctica (Inteligencia práctica).
  4. La INTUICIÓN. Cuando el impulso de nuestro actuar es el pensar puro sin referencia a un contenido determinado de nuestras percepciones. Aquí la disposición caracterológica ya no juega un papel determinante. Lo denomina razón práctica. En este nivel se producen los actos volitivos verdaderos.


Así como los Impulsos provienen de la disposición caracterológica inconsciente muy cercana a la dinámica del organismo y a la percepción, los MOTIVOS son los móviles conscientes más cercanos al pensar y representar.

  1. La REPRESENTACIÓN del bienestar propio es considerado un motivo de la voluntad. Se enraízan en la parte más primitiva del actuar humano y se denomina EGOÍSMO PURO. La forma algo superior del egoísmo consiste en la así llamada "moral calculadora".
  2. Otro motivo ha de considerarse el contenido puramente conceptual de una acción basada en un sistema de principios éticos que regulan la vida moral en forma de conceptos abstractos. Es el sometimiento a una AUTORIDAD MORAL: cabeza de familia, estado, costumbre social, autoridad eclesiástica, revelación divina. Cuando no es una autoridad externa sino la moral interna se denomina la voz de la CONCIENCIA.
  3. Cuando la moral ya no está basada en la autoridad sino en la COMPRENSIÓN MORAL: comprender la causa por la que un precepto dado de comportamiento debe actuar como motivo. Se nombran dos ejemplos:
    • El mayor bienestar posible de la humanidad en su conjunto.
    • El adelanto cultural o la evolución ética de la humanidad hacia una perfección cada vez mayor.
    • Tanto el principio del bien general, como el del progreso cultural están basados en la representación.
  4. El principio moral más elevado que podemos imaginar es aquel que no tienen este tipo de relación establecida de antemano (representación) sino que surge de la INTUICIÓN PURA, y que sólo después busca el vínculo con la percepción (con la vida). Tales motivos vienen de la INTUICIÓN CONCEPTUAL. Sólo el contenido ideal de la acción actúa como motivo de la misma.


Cuando no influyen sobre nuestra conducta la disposición caracterológica ni la norma de un principio ético exterior el IMPULSO y el MOTIVO coinciden y la acción está determinada únicamente por su contenido ideal. Tales actos presuponen la facultad de INTUICIÓN MORAL: que es la capacidad de vivenciar en sí el principio moral que se ajusta a cada caso. Una acción se considera libre en tanto que su razón proceda del aspecto ideal de mi ser individual; cualquier otro aspecto de una acción, tanto si se lleva a cabo forzado por la naturaleza, como por la necesidad de una norma ética, se considera no libre.

En tanto que este contenido intuitivo influye en el actuar, constituye el contenido moral del individuo (Individualismo ético)[iii] En la medida que el principio moral vive intuitivamente en mí está unido a mi amor hacia el objetivo que quiero realizar con mi acción. Sólo cuando me guío  por mi amor hacia el objeto, sólo entonces soy yo mismo el que actúa. En este nivel de la moral no actúo porque me someto a un superior, ni a una autoridad externa, ni a la llamada voz de la conciencia. No reconozco ningún principio externo para mis actos, porque he encontrado en mí mismo la razón de mi “actuar”: el amor a la acción. No siento ninguna presión, ni la presión de la naturaleza que me guía en mis instintos, ni la presión de los mandamientos morales, sino que sencillamente quiero llevar a cabo lo que llevo dentro. La libertad del actuar sólo es concebible desde el punto  de vista del individualismo ético. La actuación según normas está justificada como escala de evolución. Pero el individualismo ético no vivencia las leyes como motivo sino que ordena sus actos de acuerdo con sus impulsos –intuiciones. Nuestra vida se compone de acciones libres y no libres. Pero no podemos llegar a un concepto completo del hombre sin pensar en el espíritu libre como la expresión más pura de la naturaleza humana.

Se plantean ahora dos cuestiones:

  1. ¿Cómo distinguir una  voluntad moral correcta de otra criminal? Sólo las acciones que se originan en la intuición son enteramente individuales, será correcta si mi intuición impregnada de amor se sitúa correctamente en el todo universal vivenciado intuitivamente, incorrecta si no es así. Pero la acción criminal no proviene de la intuición y no pertenece a lo individual del ser humano sino del instinto ciego  que es lo más general en el, de aquello que todos los individuos tienen por igual y que el hombre supera con su individualidad. Lo individual en mí no es mi organismo con sus instintos y sentimientos, sino el mundo coherente de las ideas que resplandecen en este organismo.
  2. ¿Cómo  es posible la convivencia de los hombres si cada uno sólo se esfuerza por hacer valer su propia individualidad? El mundo de las ideas que actúa en mí es el mismo que actúa en los demás. Sin embargo, esa unidad sólo es resultado de la experiencia de la vida. La individualidad adquiere su realidad porque el "otro" recibe del mundo común de las ideas otras intuiciones que yo. La individualidad sólo es posible si cada ser individual sabe del otro únicamente a través de la experiencia –observación. Si ambos nos inspiramos en la idea y no obedecemos a ningún impulso externo (físico o espiritual) no podemos sino encontrarnos en las mismas aspiraciones, en las mismas intenciones. Sólo el hombre no libre, el que obedece al instinto natural o a un precepto del deber, rechaza al prójimo si éste no sigue el mismo instinto y el mismo precepto. Vivir en el amor por la acción y dejar vivir por la comprensión de la voluntad ajena, ésta es la máxima fundamental del hombre libre.[iv]

En relación a los objetos del mundo exterior, la idea se halla determinada por la percepción; cumplimos nuestro cometido cuando descubrimos la relación entre idea y percepción. Pero en el ser humano no es así, su verdadero concepto como hombre moral –espíritu libre– no está unido de antemano en forma objetiva con la imagen perceptual “hombre”, para ser simplemente confirmada después por el conocimiento. El hombre tiene que unir por propia actividad el concepto de sí mismo con la percepción “hombre”. Esto sólo lo logra si ha encontrado el concepto de ESPÍRITU LIBRE, esto es, el concepto de sí mismo. La planta se transforma debido a la ley objetiva que le es inherente[1], el ser humano permanece en su estado imperfecto a no ser que tome la substancia de transformación que lleva en sí y evolucione por su propia fuerza. Todo ser tiene su propio concepto inherente (la ley de su ser y de su actividad); pero en las cosas del mundo externo, el concepto está unido a la percepción inseparablemente, y sólo separado de ella dentro de nuestro organismo espiritual. En principio, en el ser humano concepto y percepción se hallan de hecho separados, precisamente para que sea él mismo quien los una. Esto es, la actualización real del espíritu libre mediante sus propias fuerzas.

[1] Véase el concepto de “Tipo” en la obra “Teoría del conocimiento basada en la visión del mundo de Goethe

[i] [Acerca del método de conocimiento de la Antroposofía. Capítulo I del libro “Antroposofia y Filosofía de la Libertad”. Sergej O. Prokofieff. Ed. Antroposófica. Argentina. 2011] Pág. 84 Visto desde la ciencia espiritual el pensar cerebral sólo es una sombra, un cadáver del pensar vivo y esencial, que cada ser humano posee en el mundo espiritual desde antes de su nacimiento. (…) A este pensar esencialmente viviente, que tiene su origen en el mundo de las imaginaciones, debe llegar el ser humano de una manera nueva mediante el portal del estado de excepción. (…) En este proceso de vivificación del pensar que aparece primeramente en el ser humano como el pensar muerto, yace el primer germen de la resurrección vivenciada individualmente. (…) Pág. 27 Lo que significa el estado de excepción en un plano microcósmico en el conocimiento humano como traspaso de las intuiciones pensantes a la percepción imaginativa del mundo espiritual, corresponde macrocósmicamente a una imagen primordial del estado de excepción absoluto –existencial– de la muerte y resurrección del Cristo sobre la corteza terrestre.

[ii] Utilizo también el libro de Sergei O. Prokofieff "Antroposofía y Filosofía de la Libertad" [Ed. Antroposófica. Argentina. 1ª edición 2011.] En el capítulo 12 "La Filosofía de la Libertad y la vida entre la muerte y un nuevo nacimiento" hace referencia al capítulo 9 de Filosofía de la Libertad.

[iii] [Nota en el capítulo IX a la edición Inglesa de Poppelbaum ]En la primera parte del libro el Dr. Steiner ha demostrado cómo un concepto puede ser captado por el Ego desde el “contenido_de_pensamientos” del mundo en un acto plenamente consciente de intuición. En este capítulo y el debate subsiguiente sobre la imaginación moral, muestra cómo un concepto libremente alcanzado puede ser impreso en el mundo como un acto sin perder el elemento de la libertad. Así se muestra cómo el espíritu puede trabajar creativamente en un acto humano de libre voluntad.

[iv] El orden social surge del individualismo ético (y nunca a la inversa) que vive las intuiciones morales como impulso para su actuar. Un individuo aislado se atrofiaría si no vivencia el “orden social” que surge como consecuencia necesaria de la vida individual. Esta es precisamente la finalidad del orden social, que influya a su vez favorablemente sobre el individuo.

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La segunda parte del libro se titula La Realidad de la Libertad. Si en la primera parte del libro  describe la actividad pensante humana como único acceso a la libertad, en esta segunda parte abordará la "realización" de la libertad.

Sólo los seres con conciencia encuentran la "necesidad", en un mundo que está por encima de dicha "necesidad". Por tanto, sólo en la "conciencia" debemos buscar el fundamento, aparentemente perdido, de la libertad humana. Y digo "aparentemente perdido" pues para la conciencia el mundo de percepción se le representa como apariencia, y sólo en unión con el "contenido" del mundo lo hace real.

El "contenido" del mundo es en el caso del mundo inorgánico, la ley natural (Física y Química de lo inorgánico) y en el caso del mundo orgánico, el "Tipo" (vease el libro "Teoría del conocimiento basada en la visión del mundo de Goethe”). Este mundo inorgánico y orgánico se presenta a la conciencia humana como regulado por leyes, es lo que se denomina "contenido del mundo". Sólo a la conciencia humana se presentan estas leyes como las reguladoras de un Mundo Natural dado, pues aparentemente para dicho Mundo Natural le es indiferente una conciencia humana.

Dentro del mundo de las percepciones, el ser humano experimenta la actividad pensante. Rudolf Steiner investiga la conciencia humana y se pregunta si también se presenta como lo hace el Mundo Natural, para descubrir el aspecto supra-natural de la actividad pensante. Este aspecto supra-natural es el punto donde el ser humano alcanza la libertad. Punto donde la "necesidad aparente" del Mundo Natural es "pura creación en libertad siempre nueva".


En esta segunda parte del libro aborda la "realización" de esa libertad. Dicha realización sólo puede enmarcarse en el "actuar humano", contexto de la conciencia humana. Así pues la pregunta para esta segunda parte del libro es... ¿puede la consciencia humana que surge de la "necesidad" realizar en sí misma la libertad?


Capítulo 8. Los Factores de la Vida. Enlace al capítulo aquí.

Este es el capítulo 8, el primero de la segunda parte del libro titulado la Filosofía de la Libertad. Primero realiza un repaso muy sucinto a toda  la primera parte del libro, La Ciencia de la Libertad, para enmarcar la esfera del actuar humano.

En el ser humano existen tres esferas de experiencia: la esfera de la conciencia (percepción y pensar) la esfera del sentimiento y la esfera del actuar. Aquellos individuos que experimentan el pensar como una mera "abstracción mental" del mundo de la percepción sensoria nunca lo contemplarán como algo "real", y otorgarán más "realidad" a las esferas del sentimiento o del actuar (de la voluntad). Así se describe el "Misticismo del Sentimiento" o la "Filosofía de la Voluntad".

Como vimos en el capítulo 6 "La Individualidad Humana" en la esfera de la conciencia alcanzamos la libertad que emana de un Espíritu Universal, y precisamente en las esferas del "sentimiento" y del "actuar" el ser humano se concibe como "individualidad". Una experiencia del sentimiento o de la voluntad que  no esté impregnada por el elemento ideal de la supra-consciencia universal se convierte en "experiencia individual".

Si el sentimiento muestra el vínculo del mundo exterior con nuestro sujeto, el "actuar" es lo contrario: la relación individual de nuestro Yo con lo objetivo.

¿Cómo impregnar nuestro acto individual de voluntad con el elemento ideal universal?

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Enlace al capítulo aquí. Para el monismo: la realidad completa se alcanza a través del conocimiento. ¿Qué es la realidad? La esencia unificada compuesta por la percepción y el concepto.

Para el dualismo: nunca adquirimos conocimiento de la realidad pues ésta es inaccesible. Contrapone la “realidad objetiva” detrás de la percepción del objeto (“ente en sí”) con la “realidad subjetiva” detrás del sujeto que percibe (yo) y se forma una representación conceptual de lo real objetivo fuera de él. El dualismo traslada la oposición entre sujeto y objeto, que sólo es válida en el campo de la percepción a “entes en sí” abstractos fuera del campo de la percepción. Crea dos mundos y los enfrenta. Divide el proceso cognoscitivo en dos partes:

  • Fuera de la consciencia: elaboración del objeto de percepción a partir de la “cosa en sí”.
  • Dentro de la consciencia: elaboración conceptual de lo que ya hay anterior a su conciencia.

De esta forma:

  • Un mundo sería: “Yo pienso, luego existo” y los principios ideales del pensar;
  • y el otro mundo es el resto del mundo real fuera de mi conciencia e independiente de ésta.

El dualista construye conceptos del “ente en sí” que están vacíos de contenido pues los principios ideales que el pensar descubre son demasiado “volátiles” y busca principios reales (abstractos) que los respalde.

Para el realismo ingenuo el mundo real es una suma de objetos de percepción y no reconoce como factor de igual valor la forma de existencia que el pensar revela en los conceptos y sus relaciones.

Ahora bien, existen fuerzas o leyes imperceptibles que regulan la realidad perceptible, como son la herencia o el principio vital. Estas fuerzas imperceptibles que actúan en la relación de los objetos de la realidad perceptible sólo pueden expresarse por medio del pensar. Tanto en la física como en el conocimiento del ser humano existen elementos que se excluyen de la percepción directa y que hay que inferir. Así como junto al estado de vigilia consciente es necesario el estado de sueño inconsciente, del mismo modo, para la experiencia de sí mismo el hombre necesita, junto a la esfera de sus percepciones sensorias, otra esfera –mucho mayor incluso – de elementos no perceptibles sensorialmente en el campo del cual provienen las percepciones sensoriales.

El realista metafísico construye una realidad perceptible también con estas fuerzas imperceptibles. Así pues el mundo real es algo objetivo que existe fuera como algo absoluto y del cual se perciben, además de los objetos, una relación dinámica real de fuerzas que interactúan en el mundo de la percepción. A su vez, existe una relación ideal de la “cosa en sí” de la percepción y la “cosa en sí” del sujeto que percibe.

El monismo reúne en una unidad más elevada el mundo de percepción (realismo unilateral)  y de los conceptos (idealismo) donde ambos principios, el llamado principio real y el principio ideal, rigen simultáneamente.

El problema de los límites del conocimiento sólo existe para el realismo ingenuo y para el metafísico, para los que el contenido del alma es solamente una representación ideal del mundo.

El mundo es en sí una unidad. Para el monismo el objeto del mundo no es algo absoluto, sino relativo en relación con el sujeto dado que percibe. La superación de esta oposición se realiza mediante la contemplación pensante, que sitúa la realidad dentro de la unidad. La percepción está determinada por el sujeto que percibe (determinada por los factores de lugar, tiempo y organización subjetiva). Pero el sujeto tiene a la vez en el pensar el medio que le permite suprimir el condicionamiento que él mismo origina.

La inducción –conocer el estado de las cosas a partir de la observación de un número suficientemente grande de casos– es la base metódica del realismo metafísico moderno. De esta forma descubre, a partir de las percepciones, la naturaleza de la realidad objetiva que está detrás del nexo “subjetivo” que conocemos por la percepción y el concepto.

Para el monismo está claro que la percepción viene determinada por el sujeto y que una observación ampliada enriquece la experiencia del sujeto, pero la profundización del conocimiento depende de las fuerzas de intuición que se despliegan en el pensar y que supera la determinación de la que el sujeto mismo es el autor.

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Capítulo VI. La individualidad humana.

Enelace al capítulo aquí. La representación no es otra cosa que una intuición relacionada a una determinada percepción; un concepto que en su momento estuvo vinculado a una percepción y cuya relación con dicha percepción se ha conservado viva en mí.

  • Como percepción y concepto se nos presenta la realidad.
  • Como representación, la imagen subjetiva de esta realidad.

La representación es, por lo tanto, una percepción subjetiva en contraste con la percepción objetiva ante la presencia del objeto en el campo de la percepción.

Así pues la percepción, el concepto y la representación son los elementos de nuestra cognición. Pero además, de la representación como elemento subjetivo relacionado con el lugar y la época en la que vivimos, nuestra organización personal, como unidad especial totalmente determinada, une sentimientos específicos a nuestras percepciones. Es lo que nos queda como resto después de considerar todos los factores determinantes (cuantitativos) de nuestro medio.

El sentir nos recoge en la intimidad de nuestro ser, nos convierte en individuos. Mi vida de sentimientos sólo adquiere valor para los demás si, el sentir, como percepción de mí mismo, se une a un concepto, y de esta manera se incorpora al cosmos. Será un verdadera individualidad quien llegue con sus sentimientos lo más alto posible a la región de lo ideal.

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Capítulo V. La comprensión del Mundo.

Enlace al capítulo aquí. Este capítulo explica la relación entre la percepción y la representación.

Profundicemos lo dicho hasta ahora sobre el PENSAR: El pensar es producido en la mente del hombre como un proceso del mundo y no está separado de él. Precisamente porque somos seres pensantes no somos conscientes de la propia actividad del pensar y creemos que el mundo está separado (acabado) sin la actividad pensante, y que ésta es un mero reflejo del mundo y sus procesos. Creer que la percepción y el concepto son dos procesos paralelos no condicionados entre sí (como la imagen en un espejo de cualquier objeto del mundo) es arbitrario.
Nuestra organización espiritual es tal que para cada cosa de la realidad, los elementos correspondientes, nos llegan por dos lados: el percibir y el pensar. Esta división aparece en el momento en que yo, el observador, me sitúo frente a las cosas. Pero en el mundo el concepto está unido a la percepción.
El hombre es un ser limitado. En primer lugar, es un ser entre otros seres. Su ser pertenece al espacio y al tiempo. Por ello también sólo le puede ser dada una parte limitada del universo entero en un momento determinado. Sin embargo, esta parte está unida en todas direcciones con otras partes, tanto en el tiempo como en el espacio. Si nuestra existencia estuviera unida con las cosas de tal manera que todo acontecer del mundo fuese a la vez nuestro acontecer, no existiría diferencia entre nosotros y las cosas del mundo. Pero entonces tampoco existirían cosas diferenciadas y no habría CONCIENCIA. Todo acontecer se sucedería en constante continuidad. El cosmos sería una unidad y un todo encerrado en sí mismo. La corriente del acontecer no tendría interrupción. Pero debido a nuestra limitación nos parece diferenciado lo que en verdad no lo es. Esta separación es un acto subjetivo, condicionado por el hecho de que nosotros no somos idénticos al proceso universal, sino un ser entre otros seres.

Así como por medio de la percepción nos ubicamos en un mundo exterior de materia y energía; por medio de la autodeterminación del pensar lo percibido en mi propio ser se aúna al proceso universal, porque el pensar es universal. En el pensar nos es dado el elemento que une en un todo nuestra personalidad individual con el cosmos. Vemos surgir en nosotros una fuerza absoluta en devenir, una fuerza universal, pero no la reconocemos como procedente del centro del mundo, sino en un punto de la periferia. Si conociéramos su procedencia se nos revelaría, en el instante en que despertamos a la conciencia, todo el enigma del mundo. Pero como nos encontramos en un punto de la periferia, y encontramos nuestra propia existencia sujeta a límites específicos, tenemos que aprender a conocer la esfera que se halla fuera de nuestro propio ser por medio del pensar que, desde el universo, penetra en nosotros.
Esto no se puede confundir con la mera adquisición de conciencia de nuestro propio Yo. Pues la autopercepción está relacionada con el sentimiento y la sensación individual (incluso con la percepción). Por eso el hombre es un ser entre otros seres.
El concepto es lo que recibimos de la cosa no desde fuera, sino desde dentro de ella. El equilibrio, la unión de ambos elementos, el interior y el exterior, es lo que aporta el conocimiento. El acto de cognición es la síntesis de percepción y concepto. Solamente la percepción y el concepto de una cosa la hacen un todo.
La personalidad humana limitada (la autodeterminación por el pensar), la percibimos sólo en nosotros mismos; la fuerza y la materia en las cosas externas (por medio de la percepción).
¿Qué es la percepción sin el concepto? el mundo aparece como una mera yuxtaposición en el espacio y en la sucesión del tiempo de objetos y procesos de valor indistinto, un agregado de detalles inconexos. Cuando una consciencia pensante se aprehende de la percepción los hechos aislados adquieren un valor en sí mismos y para el resto del mundo, tendiendo hilos de ser a ser. Por ello la actividad pensante está llena de contenido. El pensar aporta este contenido a la percepción, a partir del mundo de los conceptos y de las ideas del hombre.
En contraste al contenido de la percepción que nos es dado desde afuera, el contenido del pensar aparece en el interior (autodeterminación).
La intuición es para el pensar lo que la observación es para la percepción. La intuición y la observación son las fuentes de nuestro conocimiento.

A quien no sea capaz de encontrar las intuiciones correspondientes a las cosas, sólo puede observar fragmentos incoherentes de percepción.
Lo que en nuestra observación se presenta como separatividad, se une a través del mundo coherente y armonioso de nuestras intuiciones gradualmente y nosotros con el pensar volvemos a aunar lo que separamos por la percepción.

El idealista crítico no puede probar, mediante la investigación del contenido de nuestra observación, que nuestras percepciones son representaciones (el mundo es mi representación). Ya lo vimos en el capítulo anterior: supongamos que aparece una percepción en mi conciencia, por ejemplo, el rojo. Si continúo la observación puedo relacionarlas con otras percepciones, con una determinada figura, o con ciertas sensaciones de temperatura y de tacto. Esto es el objeto del mundo de los sentidos. Puedo también observar que en el espacio entre el objeto y los órganos sensoriales aparecen sucesos mecánicos (vibraciones en un medio elástico), procesos químicos y otros. También examino la transmisión de los órganos sensoriales al cerebro. Todas estas percepciones no tienen nada en común entre sí excepto los hilos de enlace que entreteje todas estas percepciones en el espacio y en el tiempo por el pensar. La relación que trasciende lo meramente percibido, los objetos y el sujeto de la percepción es puramente ideal. Ya vimos que el pensar no es subjetivo, ni subjetivo ni objetivo. El pensar crea estos dos conceptos. El sujeto no es sujeto porque piensa, sino que se aparece a sí mismo como sujeto gracias al pensar. Así pues la percepción ante la presencia del objeto en el campo de observación es una percepción objetiva.
Sin embargo, la representación, que como ya vimos es la percepción de la transformación de mi propio estado a causa de la presencia del objeto dentro de mi campo de observación es una percepción subjetiva.

Lo que ahora haremos será definir el concepto de representación. Esto nos llevará a la relación de éste con el objeto y por tanto, a la relación del ser humano con el mundo, y desde aquí, descender del campo del conocimiento puramente conceptual, hasta la vida individual concreta.

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Capítulo IV. El mundo como percepción.

Enlace al capítulo aquí. En este capítulo RS investiga el contenido de la OBSERVACIÓN. ¿Cómo entra en la conciencia el “Objeto de Observación”? El “objeto de observación” lo puedo descomponer en OBJETOS DE SENSACIÓN / PERCEPCIÓN / REPRESENTACIÓN

LOS OBJETOS DE SENSACIÓN. Es la “percepción pura”, un amasijo inconexo de sensaciones o agregado incoherente de objetos de sensación: colores, sonidos, sensaciones de tacto, calor, olfato, después sentimientos de placer o desagrado.

LAS IMÁGENES DE PERCEPCIÓN. Percepción: se define como los objetos inmediatos de la experiencia sobre los que adquiero conocimiento mediante la observación.

  • Es subjetiva en cuanto dependen de mi punto de observación en el espacio (matemática) y también de mi organización física (cualitativa).
  • Porque mi organización subjetiva determina en parte mi percepción puedo afirmar “los objetos de mis percepciones existen sólo por mí, y más aún, sólo en tanto y cuanto yo los percibo… a parte de mis percepciones no conozco ni puedo conocer ningún objeto”.
    • El realismo ingenuo cree que los objetos, tal como son percibidos, existen también fuera de la consciencia pensante.
    • Berkeley piensa que lo único real es nuestro mundo interior en tanto se sitúa en una consciencia pensante (Idealismo absoluto) mientras que Kant piensa que aunque exista un mundo exterior real, sólo podemos conocer nuestro “mundo interior” de representaciones (Idealismo crítico).

LA REPRESENTACIÓN relaciona el objeto de percepción con el cambio de mi propio estado. Denomino mundo exterior a los objetos del mundo que se presentan a mi percepción y mundo interior al contenido de la percepción de mí mismo. Según el Idealismo Crítico nuestras representaciones son “modificaciones de nuestra organización” –reacciones subjetivas – y no las “cosas en sí”: El mundo es mi representación.

Y por último hace un repaso por las teorías imperantes sobre el proceso perceptivo:

  • El “atomismo materialista” que dice que los cuerpos se componen de partículas infinitesimales que chocan entre sí.
  • La teoría de las “Energías sensoriales específicas” que involucran a los órganos sensorios dependiendo de su especificidad fisiológica.
  • El estudio “fisiológico” de nuestro sistema neuro-sensorio y la transmisión de los impulsos desde el medio exterior al órgano sensorio, desde estos, a través del sistema neuronal al cerebro y de éste a la “conciencia”

Así pues la pregunta inicial también se puede formular en ¿Cómo se relaciona la percepción con la representación? Para conocer la relación entre percepción y representación debemos indagar por otros caminos distintos a los proporcionados mediante la investigación de las percepciones. (Ha de haber algo en la percepción antes de ser percibida, pero no podemos encontrarlo investigando el contenido de nuestra observación)

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